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"Lo importante son las personas"

Como comunicarnos en clave no sexista

¿Es nuestro lenguaje un lenguaje sexista? A lo largo de los siglos se han aceptado ciertas pautas lingüísticas como correctas y hemos asumido que por hacerse así siempre, estaba bien hecho. Pero, ¿queremos realmente cambiar a una sociedad igualitaria? ¿Por qué no empezar por el lenguaje? ¿Cuánto poder tiene la palabra? Si queremos que las cosas en temas de igualdad empiecen a evolucionar, empecemos a hacer las cosas diferentes, empecemos a hacer un uso diferente del lenguaje…

SEXISMO LINGÜÍSTICO

¿Qué se entiende por sexismo lingüístico?, o ¿qué es un lenguaje sexista?: el que utiliza palabras o estructuras para discriminar a mujeres u hombres, aunque es más frecuente la discriminación lingüística que sufren las mujeres por ser también el lenguaje un instrumento de poder que perpetúa la jerarquía en función del sexo, es decir lo que se conoce como cultura androcéntrica.

ANDROCENTRISMO  

Modelo social que pone como prototipo lo masculino. Considera la experiencia de los hombres como superior y universal sin tener en cuenta lo que las mujeres aportan como experiencias propias, es decir, considerar al hombre como centro. El androcentrismo se considera un punto de vista, frente al sexismo que se considera una actitud. Es causa y también origen de usos lingüísticos determinados que son absolutamente androcéntricos. El más importante de los usos es utilizar el masculino como falso genérico, que refuerza el punto de vista androcéntrico, hace invisibles a las mujeres.

DISCRIMINACIÓN LINGÜÍSTICA

Masculino genérico

Entendemos por masculino genérico el utilizado para referirse a hombres y a mujeres mediante el uso del género gramatical masculino, utilizado como específico también para referirse al sexo masculino. Por el contrario, el género femenino solo puede utilizarse para designar a mujeres, es decir solo tiene el valor específico.

Desde una perspectiva exclusivamente lingüística, es correcto, pero conduce a que se interprete lo masculino como universal y contribuye a la discriminación lingüística, debiendo evitarse siempre que sea posible, utilizando para ello los recursos que la propia lengua nos ofrece.

El masculino genérico afecta a pronombres y a determinantes, además de a los ya referidos sustantivos masculinos.

Algunas normas para evitarlos:

A) El relativo que ha de evitarse cuando le preceda un artículo masculino singular o plural (el—los). Se podrá sustituir por quien o por el genérico persona.

Ejemplos:

El que se haya matriculado, deberá pagar unas tasas (sexista).

Quien se haya matriculado, deberá pagar unas tasas (no sexista).

La persona que se haya matriculado, deberá pagar unas tasas (no sexista).

 

B) Cuando se trata de los indefinidos uno, todo, alguno y sus plurales, se sustituirán por el genérico persona o se aplicará un procedimiento que sea igualitario.

Ejemplos:

Unos se matricularon y no pagaron tasas (sexista).

Unas personas se matricularon y no pagaron tasas (no sexista).

Todos se matricularon y no pagaron las tasas (sexista).

Todas y todos se matricularon y no pagaron las tasas (no sexista).

Algunos se matricularon y no pagaron las tasas (sexista).

Algunas personas se matricularon y no pagaron las tasas (no sexista).

 

C) Después de un masculino genérico no deben de utilizarse del mismo / de los mismos. Se sustituirán por el posesivo su o sus, antepuesto al sustantivo

Ejemplos:

La normativa se dirigía a los alumnos y les explicaba los deberes y obligaciones de los mismos (sexista).

La normativa se dirigía al alumnado y les explicaba sus deberes y obligaciones (no sexista).

OTROS PROCEDIMIENTOS LINGÜÍSTICOS

– La utilización de los sustantivos genéricos:

Criatura, persona, víctima y los colectivos: alumnado, ciudadanía, funcionariado, descendencia, profesorado, familia, facilitarán la escritura sin romper la estética del texto.

– Es posible también la utilización de perífrasis, un rodeo para evitar algo:

En lugar de los madrileños, que sería sexista, utilizamos la población madrileña.

– Uso de nombres abstractos, utilizados para no referirse a la persona aludiendo a su cargo, título o profesión:

Dirección, secretaría, abogacía, tutoría…

– Omisión de determinantes cuando es el determinante el que marca el género. Con la simple supresión del determinante se puede aludir a ambos géneros:

Los jóvenes y los ancianos están siempre de acuerdo (sexista)

Jóvenes y ancianos están siempre de acuerdo (no sexista)

PROFESIONES, CARGOS Y OFICIOS  

Volvemos a insistir en la necesidad de que la lengua sea portavoz de los avances logrados con la incorporación de las mujeres al mundo laboral y a cargos de responsabilidad e importancia.

La nueva realidad social que implica una igualdad de mujeres y hombres necesita que se nombre en femenino todo tipo de actividad desempeñada por las mujeres. Es necesario repetir hasta la saciedad que la lengua puede asentar el proceso de incorporación de las mujeres a la sociedad de nuestro tiempo. Que esto es así, lo demuestra la férrea resistencia que se pone a la feminización.

Decana, podóloga, agrónoma, cirujana, técnica, arquitecta. Pescadora, restauradora, directora, traductora, interventora, editora, fontanera, portera, ingeniera, banquera, bibliotecaria, boticaria, comisaria, empresaria, funcionaria.

Todas estas palabras siguen las normas gramaticales del español para formar femeninos, entrando en el Diccionario de la Real Academia Española que las ha aceptado debido a la incorporación de las mujeres a la vida laboral. Ciertamente, algunas mujeres son reticentes a los cambios y habría que repetir que los hombres no admiten el femenino.

Casi nunca es políticamente inocente la lengua. El machismo lingüístico se manifiesta en la incorporación de los hombres a dos profesiones que desempeñaban casi siempre las mujeres, enfermera y azafata. Siguiendo las normas gramaticales, el masculino sería en –o, pero se crea ATS y auxiliar de vuelo que implica un mayor prestigio, aunque encontramos en nuestros días azafato y enfermero.

Encontramos asimetría en los sustantivos verdulero y verdulera, habitualmente interpretados como “hombre que vende verduras” la forma masculina, “mujer descarada y ordinaria” la forma femenina.

Asimetría también en el par señorito – señorita, donde el masculino se le aplica al amo, al joven rico. En el caso de la mujer, en cambio, sirve o bien para señalar la condición de soltera de una mujer, o bien para nombrar a mujeres relacionadas con ciertas profesiones como maestras, dependientas… Disimetría que paulatinamente tiende a desaparecer.

“Es necesario que no seamos renuentes ante el uso de nuevas formas referentes a mujeres y hombres, utilizando el femenino y el masculino como espejo de los cambios operados en nuestra sociedad en la dirección deseada, y obligada, de la igualdad de mujeres y hombres.”

 

Julia Gálvez

Consultora Thinking People

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